No me deja poner aquí su nombre, por lo tanto lo trataré de él, por extraño que me pueda resultar. Él es de esas personas que solo puedes querer u odiar, y yo soy de las que lo quiere. Me encanta escucharlo hablar, expresarse, pero sobre todo indignarse. Si hay algo que tengo claro es que tenemos dos cosas en común: Harry Potter y Compañeros. Una tarde de estas empezamos a hablar sobre la serie “sustituta” de Compañeros, Física o Química, y él pronto empezó a disparar críticas sobre todo lo que ocurre en ella.
Voy a empezar por el final de la conversación: Flor, por favor, incide en los gordos. No hay gordos. Los vestuarios de los institutos que salen en la tele están repletos de chicos esculturales, marcando músculos, con sus abdominales bien marcados y desarrollados… Lo mismo ocurre en lo que respecta al vestuario femenino, todas salen de la ducha con una toalla diminuta que deja ver sus delgadas piernas y a la hora de vestirse se exhiben en sujetador y braguita para mostrar que en su cuerpo no hay ni un gramo de grasa. La única gordita que apareció en una serie fue Yoli en Los Serrano, pero tuvo la suerte de ser la mejor amiga de la guapita de la clase. Tampoco se observa en ningún protagonista acné, ni juvenil ni de ningún otro tipo… ¡son todos tan estupendos que pasan por la adolescencia sin granitos!
Nuestro instituto debe ser el que rompe los estereotipos. Los profesores de gimnasia de las series son jóvenes, flexibles, ágiles, atractivos, agradables, cercanos… Nosotros teníamos como profesora una señora de más de cincuenta años, que no respondía a ninguna de las características anteriores, y que parecía más ser mi abuela que la persona que me enseñaba educación física. Y otra, la conserje, ¿por qué hay una conserje que es buena persona y joven?, si la nuestra era gorda, tenía pelos en los sobacos, fumaba Ducados y la llamaban TrOlga.
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