Infancias diferentes (Parte II)

FlorLas generaciones posteriores han disfrutado de ventajas que ahora vemos como elementos necesarios en nuestras vidas, y que sin embargo hace años eran impensables, porque ni siquiera existían.

Sobrevivimos a viajes larguísimos, sin cinturones de seguridad en los asientos traseros, también sin sillitas especiales o air-bags. El entretenimiento en el coche dependía de la imaginación y la paciencia de nuestros padres, y no de un reproductor de dvd. Tampoco tuvimos puertas o armarios con protección, ni frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.

Aprendimos a andar en bicicleta mucho antes que lo hacen los niños de ahora. Andábamos en ella sin casco, ni protectores para las rodillas ni los codos, y aunque siempre teníamos alguna herida en las rodillas muy pocas han perdurado, y si es así recordamos la caída cada vez que la vemos, pero nos sonreímos por lo patosos que podíamos llegar a ser. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico, el suelo no estaba acondicionado con goma, como en estos parques modernos. Salíamos de casa por la mañana, jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces; no nos pasábamos las horas frente a la televisión, al ordenador o a la videoconsola.

Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas. Nunca nos quejábamos por la espalda, y ahora los niños además de tener su mochila con ruedas, acuden al fisioterapeuta con dolores por tirar del carrito.

Ligábamos con los niños jugando a beso, verdad y atrevimiento o a la botella. No en un chat. A nuestros amigos de verano o de campamentos les escribíamos cartas, no e-mails, y mucho menos mensajes con el móvil.

A pesar de todo sobrevivimos, aprendimos a crecer con todo ello. No solo hemos sabido vivir sin todas las facilidades que hay ahora, sino que además nos hemos tenido que acostumbrar a todos los cambios acontecidos: desde el ordenador al teléfono móvil. Siendo más felices y sin pasar por depresiones prematuras.

Lo peor de estas nuevas generaciones es que cada vez vienen con menos ganas de estudiar. El índice de suspensos cada vez es mayor, y los repetidores cada vez son más jóvenes. En los institutos el número de aprobados por clase no alcanza casi el veinte por ciento, y yo que lo tengo en casa, que soy la mayor de tres, veo cómo esto se va en aumento.

Y hoy es el cumple de mi hermana. A esa que desde hace unos meses aburro con mis aventuras de niña. Le cuento cuáles eran los entretenimientos de aquellas largas temporadas en el pueblo. Por imposible que a ella le parezca me encantaba ir al pueblo, jugar con todos los niños de mi misma edad, pero sobre todo adoraba estar todo el día en la calle. Impensable para ella, o para todos los de su generación. Mis mejores deseos en el día de tu catorce cumpleaños.

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3 Respuestas a “Infancias diferentes (Parte II)

  1. FELICIDADES CONCE!!!
    tienes mucha razón Flor en todo lo que cuentas, excepto en una cosa… yo tengo un montón de cicatrices en las rodilla por culpa de la bici, jejej, será que las calles de Autillo son más duras que las de Asturias…
    un beso y sigue así que me encanta tu blog

  2. ¡Qué razón tienes! La verdad que es una pena que todo eso se pierda. Me acuerdo que cuando pasaba mis veranos en Asturias estaba todo el día en la calle. Sólo iba a casa a comer y a cenar. Y de las caídas, me acuerdo que me tiraba con un monopatín por la calle de mi güela, que es todo cuesta y al menos una vez al día había que curar heridas, con agua oxigenada y no suero fisiológico. Aunque también tengo que confesar que Internet me aporta mucho, pero me quedo con lo de antes, mejor amigos en mano, que no ciber@migos. Un beso flor.

  3. Venga ya! yogurines!. Mal que os pese, esa generación es la mía y la de Jaime, no la vuestra!