Libertad

Flor

La Real Academia propone nada más y nada menos que doce acepciones de “libertad” para su vigésima tercera edición. No son muchas, tampoco pocas, pero no expresan todo cuanto la palabra puede llegar a transmitir.

Si de las doce me tengo que quedar con una sería con la quinta: facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. Dudo si es aplicable en nuestro caso, pero es la que más me gusta.  Mucho diccionario, mucho diccionario, pero son los escritores los que, dejándose llevar por los sentimientos, expresan mejor el significado de un término tan abstracto como es “libertad”. Sin ir más lejos, el conocido George Orwell escribió en una ocasión si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír, o más cercano aún: una persona que no goza de ella comparándola con soltar una cometa al aire.

A lo que voy con todo esto. Todo el mundo sabe que un traficante de drogas solo puede tener dos finales, la cárcel o una bala en la cabeza, así son las cosas en este negocio, pero a veces hay otro final… el final de esta frase no recoge todos los posibles caminos a seguir. Ayer, estando en el acto de clausura del campo de trabajo que permitió a un grupo de dieciséis reclusos (encarcelados por drogodependencia, y supongo que por algo más) salir de la rutina de la prisión y realizar trabajos forestales y de jardinería, me di cuenta de que juzgar antes de tiempo no lleva a nada. Después de una hora, salí con una idea, quizás un deseo: esas deiciséis personas, en muy poco tiempo, van a llegar a hacer una vida normal, porque ellos son normales.

Un salón albergaba a más de cincuenta personas. En el momento en qué entré localicé a una consejera, a un alcalde y al presidente de la fundación que organizaba el campo de trabajo;  no me dio por intentar apartarme de los presos. Allí no había diferencias, todos éramos iguales, no tenían un cartel que los diferenciara, no hacían nada extraño para destacar… los identifiqué en el momento que salían en el vídeo en el que mostraban todo su trabajo a lo largo de una semana. Se reían de las caras que ponían mientras trabajaban, de comentarios que decían… unos de otros, con complicidad, como una gran piña, como un verdadero equipo de trabajo.

Niños

Hace un rato que llegué de estar con niños, felices y libres. Mientras observaba como todos querían convertirse en directores de orquesta (porque les habían dicho que en el momento en que la batuta se mueve hace magia generando música) no pude apartar de la cabeza la felicidad con que los presos -a estas horas ya encerrados en prisión- hacían volar su propia cometa. Una cometa muy simbólica, llena de sentimientos y palabras que junto con la tela volaron por el aire: libertad, amor, constancia, trabajo

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2 Respuestas a “Libertad

  1. Me quedo con esa definición orwelliana, que no conocía, “lo que la gente no quiere oir”. Porque la sordera libre, casi siempre, es selectiva.

  2. bueno…esta claro que las leyes estan para algo y que se puede ser libre sin oponerse a ellas, pero es un gran dilema…un saludo! buen blog!