Haciéndome la sueca

Goteborg, 9 de octubre de 2009

SueciaEl tiempo pasa volando siempre que echas la vista atrás. Y yo hoy la dejo recorrer un mes entero.

Nueve de septiembre. Incertidumbre. Esa es la palabra que describe tal día. Supongo que cualquier aspecto nuevo conlleva esa sensación.

Hace un mes a esta hora aterrizaba en tierras suecas, no sabía lo que me esperaba,  bueno o malo, pero yo había decidido estar ahí. Iniciaba, con mis 22 kilos de equipaje y a 2740 kilómetros de la puerta de mi casa, una vida en un lugar diferente, desconocido…

Entraba en mi habitación, vacía, extraña, con paredes blancas que acrecentaban el eco de mi voz, a pesar de la extraña sensación que estaba experimentando sabía que se iba a convertir en mi hogar durante diez meses. Con todo el equipaje junto a la puerta y sentada sobre la cama abrazando mis propias rodillas me abordaron las dudas de saber cómo sería mi vida Erasmus. El comienzo había sido bueno, y el balance del primer mes es positivo.

Me gusta la ciudad. Los suecos son amables en su estilo. Madrugar forma parte de mi vida. La puntualidad cada día se hace más real. El frío se hace llevadero. Al horario es cuestión de acostumbrarse. El temprano anochecer no es tan triste. La vida Erasmus deja tiempo para todo. El cocinar sin que salte la alarma de humos tiene su truco. Hacer la colada tiene sus riesgos. Las persianas son un lujo. El taparse la boca con el codo cuando se estornuda no es del todo raro. La tranquilidad y el poco tráfico son característicos en la ciudad. Los silencios buses te hacen echar de menos el alboroto español. Ikea hace acto de presencia en cualquier lugar. Estar fuera te hace viajar y conocer lugares. Copenague es bonito a pesar de su lluvia casi permanente. Las proximidades de Goteborg tienen paisajes excepcionales, típicos de postales. La fiesta nocturna acaban cuando comienzan en España. Lo que aún se me resiste es el sueco, y por tanto el supermercado, hacer la compra siempre se convierte en una auténtica aventura.

Este es mi inicio, algunos días se han hecho cortos y otros demasiado largos. Poco a poco te vas ubicando y según pasa el tiempo la sensacion de extrañar este lugar va desapareciendo.

Marta

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Una respuesta a “Haciéndome la sueca

  1. La fiesta nocturna acaba cuando empieza en España… pero las cervezas sientan peor por la humedad, aunque la de Asturias es única.