Haciéndome la sueca: «A 145 km por encima del Circulo Polar Ártico»

Marta¿Qué hacer a -25ºC? Si te paras a pensarlo y lo reflexionas detenidamente te apetece meterte en la cama para que el frío no te cale hasta los huesos, pero sabes que tienes miles de cosas planeadas y que con tantas capas como una cebolla se hace llevadero, además sumas unas cuantas experiencias al libro de tu propia vida.

Después de más de veinte horas de tren llegamos a Kiruna, a 145 kilómetros del Círculo Polar Ártico. Cuando se dice “Laponia” no se asocia mucho a Suecia, sino más a Noruega. Pero sí, Kiruna está en la Laponia sueca, la tierra de los Samis. Y aunque no es excesivamente conocida tiene muchas cosas curiosas.

Es conocida por ser la ciudad sueca situada más al norte. Y muy cerca de ella encontramos el hotel de hielo, en Jukkasjärvi, que  fue construído por primera vez en 1990, después de una exitosa exhibición de arte en hielo se decidió construirlo. Se encuentra en la estación de ecoturismo de Duchessnay donde uno puede hacer de todo. Además, es el segundo mayor municipio del mundo en área de extensión y cuenta con la sede de la mina de hierro más moderna y profunda del planeta; a causa de la cual, la ciudad se hunde y necesita ser trasladada. Y muy cerca de aquí nos encontramos con la montaña más alta de Suecia, con 2.117 metros de altitud.

Los cinco días que pasé allí dieron para mucho. Desde conducir una moto de nieve, a una inolvidable excursión en trineo tirado por perros. Compartimos con los samis una acogedora tarde, comimos carne de reno y probamos lo que abrigan las pielas típicas del Polo Norte.  Conocimos las impresionantes habitaciones del hotel de hielo, hicimos una corta ruta con esquís de travesía y descendimos  a las profundidades de la mayor mina de hierro del mundo. Y de película, hicimos una hoguerra en medio de la nieve y comimos salchichas pinchadas en palos y hechas sobre ella.

Aunque eso sí, la esperada y ansiosa aurora boreal se hizo esperar. Pusimos todo de nuestra parte para poder verla, nos desplazamos cien kilómetros al norte para que fuera más espectacular, paseamos horas durante la noche, a muchos grados bajo cero… A pesar de todos los intentos, hasta el último día no conseguimos verla. Ya cansados de buscarla, apareció ante nosotros nada más salir del hotel. ¡Por fín la vimos! y sí, es bonita y espectacular, aunque no como se ve en las fotos, pero merece la pena verla.

A pesar de que se nos congelaban las pestañas y las extremidades sufrían un dolor insoportable a causa del frío nada más salir del hotel, la experiencia es muy gratificante, además de mágina e inolvidable.

Marta

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