Cuchillo y Pisotón: «Jeringuillas de berenjena»

SaraDesde hace bastantes días estamos leyendo, viendo o escuchando en los medios de comunicación noticias sobre el restaurante de Ferrán Adriá, El Bulli. Que si echa el cierre definitivamente, que si será tan sólo durante un tiempo, que si es un cambio de concepto; lo cierto es que estoy hasta la peineta del Bulli.

Pero quedémonos con las palabras del todopoderoso cocinero. En el congreso gastronómico Madrid Fusión, Adriá anunció un cierre temporal de dos años, ya que no sopesa la idea de retirarse definitivamente hasta 2020.

Personalmente no soy de la gente que vaya por ese tipo de restaurantes. Sí que he acudido cuando la ocasión lo ha requerido a posadas gastronómicas de buen nivel, pero no por afición, sino más bien por obligación; y creo que me he comportado acorde a las circunstancias.

Pero yo prefiero el restaurante de toda la vida, el casero, ese en el que la cocinera asoma el morro por la puerta y te pregunta, “¿y tú de quién eres?”. Y que si te apetece una fuente más de patatas te la ponen gustosamente y luego te invitan a unos chupitos de licor café que no han pasado por sanidad. Todo por unos 14 euros.

Me gustan esos sitios que te sirven un pote de berzas, pero no te traen el plato, te ponen una fuente que por lo menos da para cinco personas y tú te sirves lo que quieras. Comes berzas, habas, chorizo, morcilla, jamón…y no absorbes berenjenas en una jeringuilla o vapores de garbanzos con un caleidoscopio. Eso es espantajería y mamarrachez.

También les puedo hablar de lo que me gusta ir a un restaurante de carretera comarcal que según dicen tiene los mejores cachopos de Asturias. Esos filetes de ternera con jamón y queso que se salen por fuera del plato. La primera vez que fui, me pareció que aquello se asemejaba a un bebé, ya ven, nada que ver con esas vajillas de colores y formas geométricas con 40 centímetros de diámetro para una esquina de filete de 3 milímetros y una hoja de lechuga disecada.

Una de las cosas que Adriá afirmó fue no poder retirarse definitivamente por una obligación moral con mucha gente que no podía dejar tirada. A mí esto de la obligación moral es una cosa que me hace mucha gracia. Lo que creo es que más bien tiene obligación económica, vamos a llamar a las cosas por su nombre, porque las sabladas que meten estos señores son de juzgado de guardia. Además, porque creo que la obligación moral de todo cocinero debería ser llenar un sabroso plato hasta arriba y a buen precio.

Estos años sabáticos servirán al cocinero de Rosas para innovar de nuevo en el mundo gastronómico y ofrecer nuevas sensaciones a los exquisitos paladares que frecuentan este tipo de restaurantes. Porque vaya, ni por mí, ni por ninguna de mis vecinas creo que lo haga. Otra cosa que me maravilla: lo de los años sabáticos. Será él que puede, porque a mí y a muchos como yo lo de pegarse un tiempo por ahí rascándose las pelotas es más bien de ci-fi.

En fin, que debemos apoyar la cocina española de verdad, la de puchero y croquetas. Esos fogones que trabajan a destajo para que nadie se quede con hambre y disfruten de buenos manjares a un módico precio. Esos bares y restaurantes en los que la segunda vez que vas recuerdan tu nombre y de que casa vienes.

Sara Arias

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2 Respuestas a “Cuchillo y Pisotón: «Jeringuillas de berenjena»

  1. Bueno, espero que Laura y Flor hayan leído bien el texto de Sara y espero que hayan llegado a la misma conclusión que yo: que la cena tiene que ser en un sitio elegante, que la ocasión lo requiere, jejejeje.

  2. Estuve leyendo el blog y me pareció muy interesante y entretenido.

    Les agrego al mío y gracias por visitarlo y comentar

    Saludos!!