Cuchillo y Pisotón: «El último viaje»

SaraYa está  bien coño. No soporto ni uno más, y aún me queda hoy una ruta por la tierra de campos. Que no hombre, que no, que no se puede tener una línea Asturias-Valladolid y llevar a la gente por la carretera nacional, que estamos en el 2010.

Es intolerable, cuatro horas de viaje por nacional, cuando en tres horitas vas rápido y cómodamente por una maravillosa autopista. Es un atraso, de república bananera. El otro día mi hermana nos comentaba quejándose que cuando estuvo hace años en Croacia se tardaba de Drubrovnik a Bosnia 4 horas para 250 kilómetros…coño, como aquí. Estamos medio parecidos.

Pagamos impuestos, plataformas se movilizan desde todos los ámbitos para tener autovías, autopistas, etc… y los señores de la compañía líder de autobuses nos llevan desesperados por la carretera nacional que une León y Valladolid.

Tienen los santos huevos de llevarnos por carreteras inmundas, parando pueblo por pueblo, se lo juro, me los sé todos de memoria, Medina de Rioseco, Mansilla de las Mulas, Bar el Madrileño, y cuando no te desvían y te llevan hasta Valencia de Don Juan. Todo este itinerario para que las más de las veces ni se baje ni se suba nadie, ni un mísero paquete.

Lo peor de todo sin duda es el primer tramo en dirección a la capital de la comunidad. Con más agonía que pena y más desesperación que un opositor ante la lista de números, ves con incredulidad cómo los camiones, coches y otros autobuses van como tiros por la autopista. Mientras tanto tú sólo botas, porque encima hay más baches que en un campo de minas anti-persona.

Y esto no es lo peor de todo, aún hay más. Porque para un santo tramo que hay por autopista (León-Asturias) parece que los conductores se emocionan, se lo flipan al volante. Y no se cortan ni un pelo en llevarte a las 12 de la noche en pleno diciembre con nieve y pisando el acelerador para bajar El Huerna. Si no tienen la suerte de conocerlo yo se lo cuento: se trata de una autopista de alta montaña, con pendientes más o menos prolongadas y un viaducto en curva al final, entrando en Campomanes.

Ahí es cuando yo digo: “¡Cántame Macarena, cántame!”, porque se deben de pensar que están el Nascar o será que al entrar en Asturias se creen Fernando Alonso…pero lo cierto es que se pasan con la velocidad. Siempre pienso lo mismo, cualquier día aparecemos en el campo de fútbol del pueblo, que está justo debajo, y después vendrán las lamentaciones.

Por suerte o por desgracia, hoy será mi último viaje, sólo espero no tener un ataque de ansiedad, o peor aún, de pánico.

Sara Arias

PD: Una última cosa, la única vez en 5 años que nos llevaron por la autopista tardamos dos horas en pasar por delante de Benavente, pero eso no es culpa de los señores de azul y gris, fue la nieve, que se puso tonta.


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Una respuesta a “Cuchillo y Pisotón: «El último viaje»

  1. Recordaremos el Alsa por la conductora loca y temeraria. Pero también por vigilar las maletas en León y colocarlas estratégicamente para que no las roben (para lo cual es necesario meterse dentro del propio maletero del autobús)
    😛