Los ‘ranking’ universitarios, ¿debemos preocuparnos?

De un tiempo a esta parte, todas las universidades españolas andamos obsesionadas por aparecer en los ranking internacionales más influyentes, como el de The Times o el de la Universidad Jiao Tong, de Shangai. Investigamos los indicadores que utilizan sus creadores para saber si los podemos mejorar; acudimos a seminarios donde se nos explican las bondades de los ranking y cómo “colarnos” en ellos -como el celebrado recientemente en Barcelona con el mismo título que este artículo-, o recabamos la opinión de expertos para saber qué hacer para situar alguna universidad española entre las cien primeras del mundo.

Hay voces que dicen que no debemos preocuparnos porque los ranking no son fiables. ¿Razones? Que no existen fuentes globales de información universitaria, especialmente en la docencia, que permitan evaluar a las 17.000 instituciones de educación superior que hay en el mundo. Que las clasificaciones se basan en los artículos de investigación básica publicados y en los datos docentes que proporcionan las propias universidades. Que hay un sesgo lingüístico y geográfico. O que se mantiene mucha opacidad sobre la metodología usada para establecer los ranking.

Terminar de leer el artículo de ANA RIPOLL

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