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El español como turismo idiomático

Hasta hace muy poco el número de personas que viajaban para aprender un idioma no era considerado como una actividad turística. Sin embargo esta actividad ya posee hasta nombre propio: turismo idiomático. Según el Instituto Cervantes son más de dos cientos mil estudiantes los que deciden visitar España cada año para practicar el idioma.

Este grupo de turistas es un factor a tener en cuenta, ya que cada estudiante gasta una media de dos mil euros, cifra que supera a la del turista medio. El perfil de estos viajeros responde a jóvenes entre veinte y veintinueve años.

En el último Congreso Internacional sobre el Valor del Español, celebrado en Salamanca, se habló sobre los ingresos que generan esta nueva clase de turistas. Entre estancia, cursos, ocio y comidas, la cifra total asciende a más de cuatrocientos cincuenta mil de euros.

La procedencia más habitual de los estudiantes suele ser: Alemania, Estados Unidos, Francia o Canadá. Y sus destinos favoritos son Madrid, Granada o Salamanca. Aunque Sevilla, Cádiz, Valencia, Barcelona y Alicante también reciben gran cantidad de estudiantes.

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ACTUALIZACIÓN (03.03.09)

La edición digital de Público publica hoy una información desde Bruselas donde dice que España es el país que más estudiantes erasmus acoge (más de veintisiete mil) y el tercero que más exporta.

La información entera se puede leer haciendo clic aquí.

Dime con quién tomas café y te diré…

FlorHoy a las siete cogí la maleta y salí de mi casa, sabiendo que iba a tardar en volver. Casi todos los años después de esta fecha tardo tres meses en regresar, unas veces lo llevo mejor, otras peor, aún así todos los años tengo la misma sensación. Todas las veces llamo al ascensor con un nudo en la garganta, y en el momento en que la puerta se abre ese nudo desaparece porque las lágrimas ya han hecho acto de presencia. En ese momento solo me viene a la cabeza los segundos anteriores: mi madre diciéndome lo mismo de siempre, “llama cuando llegues”, y yo, también como siempre, sin ser capaz de cambiar la rutina, le doy el último beso y salgo por la puerta sin poder articular palabra viendo como ella espera a que desaparezca por la esquina del pasillo para cerrar la puerta, sabiendo que no va a volverme a ver en meses.

Y es que después de todas estas semanas de vacaciones todos los estudiantes sabemos lo que llega, lo más duro, estudiar para febrero.

Toda esta recreación sirvió para entretenerme en la estación, y no odiar al bus por su habitual impuntualidad, y por imposible que parezca para llenarme a mí misma de fuerzas. Y ya cuando me reía de mí misma, me acordé de algunas aventuras que me ocurrieron en las estaciones.

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Torino

Flor¿Quién mejor para conocer a una persona que ella misma? A mí me resulta imposible pensar que haya sido capaz de hacer un viaje sola. Desde septiembre tenía este viaje planeado, y por fin llegó la fecha, el jueves comenzó la aventura.

Hacer la maleta fue la primera odisea, y es que a mí todo me pone nerviosa, además de pensar en todo lo que en ella tenía que meter, tuve que saber con exactitud el peso. Cogí la maleta y me fui a la farmacia, y con bastante vergüenza le expliqué al agradable farmacéutico que me iba de viaje y que necesita saber el peso del bulto para poder irme tranquila al aeropuerto. Conociendo el peso y teniendo todo organizado y mil veces comprobado empecé a relajarme, pero cuando decidí acostarme no fui ni siquiera capaz de apagar la luz, ¿y si no despertaba a tiempo?

El autobús a Madrid salía a las seis y media de la mañana, pero siempre tengo que estar una hora antes en la estación. Esta vez igual me pasé, llamé al taxi a las cuatro y media pasadas, y antes de las cinco menos cuarto ya estaba en la estación. La estación de madrugada es un mundo, ¡nunca sabes lo que te puede ocurrir!, pero otro día os cuento mis aventuras en las estaciones de madrugada.

Antes de las nueve ya estaba yo y mi pánico en Barajas, y tan solo me quedaban cinco horas para subirme al avión. Localicé el mostrador de facturación y empecé a pasear, pero pronto cansé, el no dormir desde hacía más de veinticuatro horas se estaba haciendo notar, eran ya las diez de la mañana y empecé a telefonear a todos mis contactos, pero o estaban ocupados o no tenían tiempo para hablar. No conseguí aburrir a nadie con mi espera interminable en la Terminal 1, con lo que me aburrí yo sola.

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