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Carta desde Torino: «Cuando te conocí no me dijiste eso…»

Torino, 30 de mayo de 2009

La compañía llega a Turín, se abre el telón y así comienza la función, casi sin darnos cuenta. Este año ha sido algo así como una gran obra de teatro, con muchos actores, escenas y aplausos.

Si ahora tuviese que mirar haciendo un recorrido por todo esta obra, no puedo mentirles, sólo veo nueve caras. Las caras de las personas de este teatro de sueños, con las que he subido montañas, he cruzado países en tren, he discutido, me he emborrachado, he llorado, he reído, porque señores sepan que me he reído como jamás en mi vida lo había hecho. Porque en definitiva, aquí soy feliz. Sigue leyendo

Carta desde Torino: «Sin título todavía»

Torino, 16 de mayo de 2009

Sara AriasTengo dos cosas sobre las que hablar. Pero empezaré por la que tenía en mente y luego seguiré con lo que me acaba de venir a la cabeza al escribir la fecha.

De lo primero que quiero hablarles es de la envidia que me dan las parejas que se aman en esta época. Estoy sola en un parque de una ciudad italiana, con la única compañía de un libro. Pero a mí alrededor no hay más que parejas, y perros. Teniendo en cuenta que los canes no en gustan en absoluto ¿qué quieren que les diga? Me muero de envidia por no tener una compañía masculina.

A muchos de ustedes les pareceré una estúpida, pero es que realmente los envidio. Sonríen sin parar, se miran directamente a los ojos e irremediablemente buscan el contacto físico a través de las manos; otros, en cambio, se besan apasionadamente sentados en un banco.

Por Sara Arias

No quiero engañarles, también hay una familia de padres y tres niños, y sí, a ellos también les tengo envidia. Estoy lejos de todas las personas que quiero y desearía verles. Sigue leyendo

Sara Arias: «Los erasmus somos una clase especial, como los diplomáticos»

Hace un año por estas fechas ya había solicitado su beca, y en pocos meses recibiría la noticia de que pasaría nueve meses en un país extranjero. Sara Arias es una asturiana en Italia, pero a la vez también es una asturiana en Valladolid. Estudia Periodismo en la Universidad de Valladolid, aunque ha decido hacer su cuarto curso de erasmus en Turín.

Resume sus últimos días en España en una sola palabra: “nervios”, muchos nervios. ¿Qué meter en una maleta para nueves meses? Hay personas que harían la maleta con una lista, la llenarían, la vaciarían, se pasarían horas pasando la mirada del armario a la maleta, de la maleta al armario… Sara no es de esas, en muy poco tiempo tenía todo lo imprescindible para esos nueve meses, solamente pensé en meter ropa de abrigo. La maleta era su última preocupación, en aquellos momentos le importaba más disfrutar minuto a minuto de lo que no disfrutaría durante bastante tiempo.

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Cuando subió al avión solo sabía que allí le esperaba una vida diferente, algo distinto de lo que aquí tenía, sin embargo llegó allí y se sorprendió más de lo que esperaba, piensas que va a ser de una forma y luego te das cuenta de que nada es igual. La “forma” que esperaba de su nueva vida no fue capaz a expresarla, con los hombros encogidos solo pudo decir que la vida erasmus es para vivir, no para contar.

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Torino

Flor¿Quién mejor para conocer a una persona que ella misma? A mí me resulta imposible pensar que haya sido capaz de hacer un viaje sola. Desde septiembre tenía este viaje planeado, y por fin llegó la fecha, el jueves comenzó la aventura.

Hacer la maleta fue la primera odisea, y es que a mí todo me pone nerviosa, además de pensar en todo lo que en ella tenía que meter, tuve que saber con exactitud el peso. Cogí la maleta y me fui a la farmacia, y con bastante vergüenza le expliqué al agradable farmacéutico que me iba de viaje y que necesita saber el peso del bulto para poder irme tranquila al aeropuerto. Conociendo el peso y teniendo todo organizado y mil veces comprobado empecé a relajarme, pero cuando decidí acostarme no fui ni siquiera capaz de apagar la luz, ¿y si no despertaba a tiempo?

El autobús a Madrid salía a las seis y media de la mañana, pero siempre tengo que estar una hora antes en la estación. Esta vez igual me pasé, llamé al taxi a las cuatro y media pasadas, y antes de las cinco menos cuarto ya estaba en la estación. La estación de madrugada es un mundo, ¡nunca sabes lo que te puede ocurrir!, pero otro día os cuento mis aventuras en las estaciones de madrugada.

Antes de las nueve ya estaba yo y mi pánico en Barajas, y tan solo me quedaban cinco horas para subirme al avión. Localicé el mostrador de facturación y empecé a pasear, pero pronto cansé, el no dormir desde hacía más de veinticuatro horas se estaba haciendo notar, eran ya las diez de la mañana y empecé a telefonear a todos mis contactos, pero o estaban ocupados o no tenían tiempo para hablar. No conseguí aburrir a nadie con mi espera interminable en la Terminal 1, con lo que me aburrí yo sola.

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